Descripción
El rostro humano cede su lugar a flores y mariposas, y la identidad aparece como algo que florece desde dentro. El relato de la obra vincula los tonos oscuros y luminosos con la dualidad de la vida, mientras las mariposas anuncian transformación y renacimiento. Sobre un fondo azul de profundidad onírica, la figura se convierte en un jardín vivo: una presencia abierta al cambio, a la renovación interior y al misterio.








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